4 Factores que te hacen Comer de Más

 

Estamos casi a las puertas de las Navidades de nuevo. Unas fechas que traen muchas asociaciones emocionales, agradables y no tanto. Una época que suele traer excesos, empachos, kilos de más… Para ayudarte un poco a prepararte de cara a las celebraciones familiares quiero hablarte de 4 Factores que te hacen Comer de Más.

 

1. Obligación Social

 

Hace unos días pregunté en redes sociales qué es lo que más os cuesta de cara a la Navidad. La respuesta más repetida fue “la presión social”. La familia, tu suegra, tu madre… Hacen demasiada comida cada año. Todos los años se torna difícil llegar al segundo plato de tantos entrantes que han preparado. Y te cuesta decir un NO rotundo cuando no te apetece probar de cierta preparación. Por no ofender o herir sensibilidades familiares y por evitar el conflicto, acabas probando todo, mezclando preparaciones que no te apetecían, tomando 3 postres diferentes…

 

Para mí es clave comenzar a respetarse un poco más a uno mismo. Nadie dice que tengas por ello que ofender a nadie, pero en tus manos está lo que tú eliges decir o hacer, no cómo lo va a recibir la otra persona ni los patrones por los que se rige a la hora de recibir cierto tipo de comentarios. Con toda la educación, el cariño y el respeto del mundo puedes empoderarte (palabra que está muy de moda) y declinar la oferta de tomar lo que no quieres. Suena fácil, pero sé a ciencia cierta que no lo es, sobre todo en muchas familias, por los roles que se llevan dando durante tantos años. Un simple “te agradezco mucho el esfuerzo en preparar este plato, pero me sienta fatal/estoy llena ya/no me encuentro bien si como más” puede ser amoroso para con la otra persona, pero también amoroso y respetuoso contigo misma.

 

2. Comer arrastrados por las emociones

 

Detrás del acto de comer en muchas ocasiones hay emociones que nos fuerzan a entrar en la vorágine de engullir, de tragar sin apenas masticar. Nos dejamos llevar por las emociones que nos arrastran, que deciden por nosotros qué comemos y cuánto comemos. Y cuando las emociones deciden suelen hacerlo bastante mal. Cuando tienes anseidad, estás nervioso o triste no te comes una ensalada, precisamente, ¿me equivoco? Te vas a alimentos que te dan la falsa sensación de felicidad, como los hidratos de carbono de absorción rápida. Comer pasta refinada, bollería plagada de azúcar blanco… Apuesto a que he acertado de pleno :).

 

Un truco que funciona muy bien es hacer una pausa antes de comer, para frenar un poco la ola emocional que traemos y poder ser capaces de poner conciencia en el momento de comer. Basta con estar en silencio unos minutos, tomar respiraciones profundas y abdominales o mover el cuerpo un poco bailando o estirando. Simplemente con mover las manos o los pies despacio (dedos, muñecas, tobillos…), con atención a lo que estás haciendo ya te hace reconectar con tu cuerpo, parar un poco la ola mental y poder estar más presente en el acto de comer.

 

3. Comer deprisa

 

Muy relacionado con el punto anterior y el siguiente, comer deprisa hace que la sensación de saciedad tarde más en llegarte y es posible que cuando llegue ya no estés a tiempo de frenar antes de que sea demasiado tarde, antes de sentirte a rebosar, hinchada, indigesta… Comer despacio y masticar bien (a ser posible hasta casi licuar los alimentos) te da más oportunidades de prestar atención a tu sensación de saciedad según se va produciendo. No la ignores, es una de las claves para mantenerte en tu peso, para tener digestiones ligeras y poder conservar tu energía vital, ya que seguirá disponible al no obligar a tu cuerpo a dedicar toda su energía en la digestión y en minimizar los efectos de los excesos.

 

4. No prestar atención a nuestras sensaciones

 

Nuestro cuerpo envía señales todo el tiempo. Pero lo habitual es que estemos más pendientes de lo que dice nuestra mente que de escuchar lo que habla el cuerpo. Si aprendemos a prestarle atención, seremos capaces de sentir la saciedad en su momento justo y no cuando ya sentimos el empacho, la sensación de haber comido en exceso. ¿Conoces alguna sensación del tipo “me sobraban estas 2 últimas cucharadas”? Exactamente me refiero a eso. Tu cuerpo sabe cuánto tienes que comer, cuánto te hace falta en cada momento y te avisa del momento en el que deberías parar. Pero tienes que prestarle un mínimo de atención para poder escucharlo.

 

No es necesario comer solo y aislado para poder comer en contacto con uno mismo, pero sí se necesita algo de práctica para poder hacer ambas cosas a la vez. ¿Y sabes cómo se consigue la práctica? Practicando, valga la redundancia. Se trata de poner conciencia en el acto de comer, comer con atención a lo que estamos haciendo, aunque a la vez estemos teniendo conversaciones con la familia o atendiendo a los conflictos que a veces se crean alrededor de la mesa (sobre todo cuando hay niños o en grandes celebraciones como pueden ser cumpleaños o fiestas navideñas).

 

Cuanto más estresante o intensa sea la situación, más fácil será que desconectes esa atención. No pasa nada, si te das cuenta de que te has desconectado, recuerda que siempre puedes volver, sin necesidad de castigarte por haberlo “hecho mal”. Las situaciones que te desbordan siempre estarán en determinados momentos de tu vida y se trata de aprender cada vez un poquito más. De practicar.

 

¿Quieres cambiar estas navidades el descontrol total por disfrutar de ellas con conciencia y sin prohibiciones?

 

Te propongo que te unas a mi nuevo programa “Equilibra tu Navidad y Disfruta SIN Culpa” en cualquiera de sus modalidades. Empezamos el lunes 19. Aprenderemos mucho más sobre esto y lo haremos en grupo. Te enseñaré trucos para poner más conciencia en el acto de comer, a elegir mejor los excesos, a compensarlos y tendrás también recetarios (recetas festivas, chocolates y turrones, recetas detox…). Además, ya sabes que en grupo todo es más fácil.

***** Echa un vistazo al programa aquí *****

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *