El Plan 80/20 o Cómo Mejorar tu Alimentación y tu Salud sin Obsesionarte

el plan 80 20 o como mejorar tu alimentación y tu salud sin obsesionarte
 
En los últimos tiempos hablar de alimentación sana implica hacer tantos cambios que enloquecemos en el intento de ser conscientes de cómo nos nutrimos o dejamos de hacerlo. De esto va mi artículo de hoy, para que te relajes. El plan 80/20 o cómo mejorar tu alimentación y tu salud sin obsesionarte.

 

En septiembre vino una amiga alemana unos días. Me pidió comer platos típicos españoles. Como la tortilla ya la conocía, decidí llevarla a comer croquetas al centro de Madrid, al lugar donde va Bono (U2), de toda la vida (Casa Julio). Y lo compartí en mi página de Facebook. Cuando hice público que íbamos a comer croquetas me entró un poco de miedo al juicio. “Buah, ésta habla de comida sana y se larga a comer croquetas”. Sin embargo, mi experiencia fue mucho más positiva. Me atreví a compartirlo: sí, yo también como croquetas (¿como 1 vez cada 2 meses?). Y el feedback que he obtenido ha sido algo muy diferente: “Me encanta lo relajado que lo haces todo”. Con lo que mi conclusión ha sido: estamos hartos de gurúes de la alimentación que hablan siempre de ingredientes raros y que no parecen ni siquiera humanos. No parecen tener familia o amigos con los que compartir comidas o cenas que difícilmente se adaptan a la alimentación ideal. Y parece que se alimentan 100% perfecto.

 

Cuando Jessica (una lectora que conocí en Biocultura en el stand de Conasi) me saludó, me dijo que llevaba un tiempo leyendo mucho sobre alimentación pero que sentía que había llegado a un punto de obsesión y extremos y no se sentía a gusto. Y resulta que es algo habitual, parte del proceso, vienes de un extremo, te vas al otro, vas probando puntos intermedios, llegas a un equilibrio bueno para ti, el cuerpo te pide otro cambio, lo haces… Es así. Y está bien, es un camino para toda la vida.

 

Pero si hablar de alimentación para mejorar nuestra salud implica obsesionarse, entonces la empeoramos. Porque el estrés y la autoexigencia extrema son enemigos de la salud emocional. Y la salud emocional y física van de la mano, eso ya todos lo sabemos. Por lo tanto, no parece una buena idea, ¿no?

 

Es por eso que yo hablo de ir introduciendo buenos hábitos para ir dejando menos espacio a los más nocivos. Sustituyendo poquito a poco unos por otros. Pero nunca todo de golpe (a no ser que sea por algo crítico, claro). Los buenos hábitos cuando nos hacen sentir bien, nos invitan a continuar con ellos y aprendemos a detectar mejor lo que nos va mal. Este tipo de cambios hay que hacerlos desde el amor por uno mismo, no desde la exigencia y desde la mente que nos dice, por ejemplo, que comer apio es sanísimo. Pero igual a ti no te gusta, ¿no? Pues si no te gusta y para ti es un suplicio, tomarlo será un poco autocastigo, ¿verdad? Por tanto tenemos que ir buscando un punto que nos sea agradable a todos y cada uno de nosotros.

 

¿Y qué es esto del plan 80/20? Se trata de comer un 80% saludable, dejando un 20% para las “excepciones”.

 

Cuando uno come 100% puro y se lo salta una sola comida, puede pasarse una tarde horrible con muchísimos efectos secundarios (como indigestión, hinchazón, vómitos, diarrea…). Es necesario saber esto, puesto que vivimos en una sociedad que tiene poco abanico de platos saludables para comer fuera de casa y en los hogares de nuestros familiares pasa algo parecido. Y bueno, lo que no es sano suele estar rico, ¿o no? Y comer es un placer y negarlo es otro autocastigo. Por lo tanto… ¿cómo lo hacemos?

 

Si hacemos el plan 80/20 nuestro cuerpo y nuestro sistema inmune “se entrenan” para combatir lo que no le conviene. En uno de los extremos, si comemos muy mal habitualmente el resultado es que tenemos tan saturado al sistema inmune y a los órganos digestivos que no nos avisan de lo que nos sienta mal, simplemente dedican todos sus esfuerzos a minimizar las consecuencias. Que no te siente algo mal no siempre es sinónimo de salud. Y en el otro extremo, si comemos 100% puro el sistema inmune pierde la capacidad de “pelear” contra las agresiones y le cuesta más, por eso los efectos secundarios son peores. Una vez hace unos años un kinesiólogo me puso unas pautas alimenticias y me dijo “y esto que te digo, te lo saltas mínimo 2 veces por semana”. Y cuando volvía al mes siguiente una de las preguntas que me hacía era “¿te lo has saltado?”.

 

Además, psicológicamente el concepto de restricción o represión es muy dañino. ¿A que siempre que te dicen que no comas chocolate no puedes parar de pensar en él a todas horas, a pesar de que antes de eso lo comías cada 3 días? La represión genera ansiedad y es otra forma de autocastigo. Por tanto, ese 20% de “excepciones” nos permite relajarnos con esa parte de “prohibidos”. Son alimentos o preparaciones que si comemos habitualmente o basamos nuestra alimentación en ellas, son perjudiciales, pero no te va a pasar nada si una vez a la semana comes croquetas, por ejemplo. Recuérdalo cuando te veas delante de un plato rico, rodeada de gente comiendo “fatal”. Pues no te preocupes, come fatal ese día y sobre todo siente después cómo te encuentras. Puede que la próxima vez no te apetezca tomarlo y no sea por represión, sino porque lo asocias con un malestar posterior que en esta ocasión no te merece la pena. Además, existe la opción de compensar. Y si comes fatal, haz la cena de forma que compenses para no dar más trabajo a tu organismo (una ensalada ligera sin grasas por ejemplo). Si cenas fatal, el desayuno puede ser simplemente un vaso de agua con zumo de limón y esperar a media mañana para comer algo más.

 

Ya sabes, hoy, viernes, toca cena de guarreo 😛

Gala

4 comments

  • Estefania

    Tienes mucha razón, Gala. A mi me gusta alimentarme de forma rica y saludable y mi cuerpo me lo ha ido pidiendo con los años. Ahora soy “la de las comidas especiales”, ya tengo la etiqueta puesta y tengo que escuchar siempre que voy a comer con alguien la típica pregunta ” esto tú no lo puedes comer/comes, no?”. He llegado a vivir el punto de ser ridiculizada por, por ejemplo, no comer carne. Absurdo. Por favor nunca pruebes nada que lleve algo de carne en público: se abrirá un debate que hasta te quitará el apetito.
    Yo también soy flexible y si un día me apetece comerme una hamburguesa, me la voy a comer deseando no oír juicios o miradas de desaprobación por parte de los demás.
    Lo que yo he ido aprendiendo y lo que funciona para mí: busca tu punto medio, no te martirices ni te auto etiquetes. Aprende a oír a tu cuerpo y a no oír lo que te perjudique. No te obsesiones.
    Si alguna vez como algo poco saludable (cuando comes saludable las cosas poco saludables se relativizan y adaptan a tus estándares, yo creo) no lo hago nunca como un premio, recompensa por haber comido los últimos 6 días súper saludable, ni tampoco pienso después: “bueno, no pasa nada porque a partir de mañana ya como bien de nuevo” igual que, por ejemplo, después de mancharme las manos con pintura por que he restaurado algo tampoco pienso “bueno, no pasa nada, me voy a lavar las manos después”.
    Vaya carrete tengo! Uf!
    Gracias por tus post, Gala, estás haciendo, como mínimo, recapacitar a muchas personas 🙂

  • Ana

    Gala, me encanta tu artículo. La verdad es que yo soy de las que se autocastiga un poco cuando como algo de lo que tengo prohibido, ya sea por mi endocrino, o por mí misma por saber que no es lo que más me conviene.
    Intentaré premiarme a mí misma con el 80/20 para disfrutar más de las excepciones, en lugar de sufrir por la mala digestión posterior, o el disgusto al día siguiente con la báscula 🙂

  • Eva

    Efectivamente! Me encanta lo fácil que lo haces… Gracias!

  • Eva Ortega Abad

    me encanta!

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